CONSTRUCTORES DE LA PAZ

UNIENDO ORILLAS

MENSAJE DE GRATITUD

Con gran humildad, me dirijo a tan distinguidos Jefes de Estado y de Gobierno, Miembros de la Consolidación de la Paz de las Naciones Unidas, quienes reafirman el compromiso de responder a las necesidades, a corto y largo plazo, de los países que salen de un conflicto, para que puedan lograr la paz sostenible, mediante la seguridad y el desarrollo.

Ustedes, Honorables dignatarios, con gran generosidad y compromiso, han reconocido la importancia del papel de la mujer en la prevención y solución de conflictos, para la consolidación de la paz. Han permitido a la mujer, el tomar participación directa y activa en diseñar modelos y preparar estrategias. Además, han destacado la importancia de que se pueda participar en igualdad e intervenir plenamente en todas las iniciativas encaminadas al mantenimiento y promoción de la paz, la seguridad y la necesidad de potenciar su función en la adopción de decisiones, con respecto a la prevención y solución de conflictos.

Ustedes han reconocido la importancia decisiva de fortalecer a los países que salen de un conflicto, para evitar que recaigan de nuevo y puedan lograr una paz sostenible, a largo plazo, a través de la seguridad y el desarrollo y a la contribución del personal de mantenimiento y sus misiones, en la necesidad de integrar sus conocimientos especializados y en la elaboración de estrategias.

Ustedes, al afirmar vuestro compromiso, envían un mensaje al mundo de que su labor es un compromiso de todos. Por tal razón ahora más que nunca estamos todos llamados a ocuparnos de áreas prioritarias relativas a los ámbitos social, económico, cultural, humanitario y de consolidación de la paz.

Ya que se le ha brindado a la mujer la oportunidad de tomar participación en este gran compromiso, me dirijo a ustedes ofreciéndoles humildemente mis ideas, conocimientos y experiencias, para ser utilizadas como tengan a bien disponer de las mismas.

Teniendo como base el valor de servir, me impulsa una fuerza interior, a trabajar por la justicia social, la cooperación y a compartir las preocupaciones y condiciones de los demás, un sentido de responsabilidad compartida respecto a las tareas a realizar, la disposición de adaptarse y a demostrar flexibilidad ante circunstancias locales y por tanto, un deseo de aprendizaje mutuo.

Se fortaleció en mí, el deseo de servir, cuando recibí una carta proveniente de la Secretaria de Estado, del Vaticano Primera Sección, asuntos generales, fechada el 6 de febrero de 2003 y en contestación a una experiencia que tuvo esta servidora con un grupo de peregrinos de la paz, en la Plaza de San Pedro en Roma, Italia. En esta hermosa correspondencia el Santo Padre Juan Pablo II, deseaba expresar su agradecimiento por ese gesto y a la vez invoco abundantes gracias divinas, para ayudarme a vivir con alegría y generosidad, mi fe, asumiendo compromisos concretos para difundir la civilización del amor en todos los ámbitos de la propia sociedad.

Asimismo, el Santo Padre Juan Pablo II, pidió a Dios Padre, que me asista siempre para que con el testimonio de una vida cristiana logre proclamar, ante los demás, los valores perennes del evangelio. La correspondencia fue firmada por Monseñor Gabriele Caccia, asesor del Papa.

Revisando el discurso del Santo Padre Juan Pablo II, dirigido a varios galardonados del premios Nobel de la Paz, reunidos en Roma, el jueves, 22 de abril de 1999, encontré, para mi sorpresa, que en el renglón tres, expresaba que: “la paz es una de las metas más nobles que puede perseguir una persona, tanto en su patria como en la comunidad internacional.” Su Santidad Juan Pablo II, reconoció además, que hay que apoyar, con decisión, a quienes se esmeran por ser constructores de paz, puesto que sus esfuerzos están encaminados a crear, para todos, una vida mejor, una sociedad en la que cada persona tenga su lugar y en la que todos puedan vivir en paz y armonía, desarrollando los dones recibidos del Creador, para su crecimiento personal y el bien común.

A la vez, en el renglón cuatro de este discurso, invita con urgencia a todas las personas de buena voluntad a colaborar, resueltamente en la construcción de la “civilización del amor” fundada sobre los valores universales de paz, solidaridad, justicia y libertad y a no desalentarse frente a los obstáculos y contratiempos y guiar los esfuerzos al servicio de la paz, la reconciliación y la fraternidad entre los pueblos.

Tienen ustedes un espíritu de amor sincero; que convierten nuestros sueños de un mundo de hermanos, a una civilización de amor y de un mundo sin fronteras, en una tierra unida.

Con mis respetos, en agradecimiento y con gran nobleza, deseo obsequiarles una ilustración que he realizado. He construido un puente, uniendo sus orillas. Lo he elaborado poniendo todo mi esfuerzo, utilizando fragmentos de su más grande y valioso tesoro, de lo más sagrado que tiene un país, su Himno Nacional. Lo he realizado, utilizando como instrumentos los símbolos de la paz. El mensaje contenido en los fragmentos de estos Sagrados Himnos son las columnas, que sostienen este puente con la misma altura e idéntico equilibrio.

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Con esto quiero demostrar, que ustedes son el fulcro del mundo que sostiene nuestro puente con las orillas unidas. Ustedes, de quien el mundo espera que con su ayuda y su gran compromiso continúen desarrollando una actitud solidaria, por una causa tan meritoria, ya que sus mentes son las más brillantes, son hombres fuertes, tranquilos, claros y además muy optimistas. Ustedes representan el espíritu de fraternidad, el espíritu de hermandad y nos ayudan a evitar que fácilmente nos dejemos llevar por los rencores, las envidias y el egoísmo. Representan el espíritu de unidad, ya que detestan la división y la enemistad y además representan el espíritu de caridad, porque con su amor nos motivan a construir otros puentes, para continuar tendiendo lazos y a la vez estrechar nuestras manos a todos. El mundo reconoce que el éxito en las conversaciones de paz está en vuestras manos. Ustedes son los que esparcen la semilla y la siembran en tierra buena y preparada donde continuara fecundándose, para producir abundantes frutos, para el mundo entero.

Jamás hubo entre ustedes confusión en los principios, o en el plano de la caridad, en el trabajo común y en el mensaje trasmitido y recibido. Promueven la reconstrucción de la unidad entre todos los seres humanos. Uno de los principales objetivos, metas, y formas con que puedan responder a los caminos de la Providencia, sin prejuzgar los impulsos futuros del espíritu.

Los grandes hombres como ustedes, son muy generosos. La generosidad y la grandeza van de la mano. Son una misma cosa, porque dar es amar y el deber supremo del hombre es amar. Todo lo que damos con alegría y largueza nos es devuelto y enriquece nuestra vida de maneras imaginadas.

Por este hermoso trabajo que realizan ustedes, el Ser Supremo ha venido y les ha llamado y recordando lo que le decía Cristo a Pedro, en Quo Vadis, solo dijeron una palabra: “Aceptamos”. El amor se lo ha explicado todo. El amor se lo ha resuelto todo, por eso admiran el amor, dondequiera que se encuentre. Si el amor es tan grande como sencillo, si el anhelo más simple se puede encontrar en la esperanza, entonces, puedo entender, porque Dios quiere ser recibido por personas tan importantes, sabias y sencillas, como ustedes y es porque sus corazones son puros y no encuentran palabras para expresar su amor.

Dios ama a la humanidad inmensamente, hasta tal punto que ha creado todo en la Tierra por nosotros. El amor es el eje de la Fe, es la mayor virtud; y el mandamiento del amor, es el primer mandamiento. El Amor es “el asidero más firme de la Fe” y “la Fe es el Amor y el Amor es la Fe”

En los años que llevo de amor fraternal entre países como Rusia, Israel (entre la Palestina y la Galilea), Jordania, Egipto (entre judíos, cristianos y musulmanes), Italia entre otros, he vivido el éxito de las conversaciones de paz. He construido una comunidad de alianza fraterna, donde he podido contar con el apoyo de esas comunidades dentro de su propio vehículo de fe. Dios, bendito sea su nombre, nos invita a que todos disfrutemos de las delicias de su amor. Lo que falta es la respuesta humana.

Como maestra, sé que el amor es el fin de todo en la vida: y el examen final para el hombre será sobre el amor.

Si me permiten, con todo el respeto, deseo compartir mis experiencias sobre cómo se puede lograr éxito en conversaciones de paz.

La palabra “paz” se encuentra como 430 veces en la Biblia, lo que implica que Dios tiene mucho que decir acerca de la importancia de este tema. La palabra hebrea para paz es Shalom, que puede usarse para decir “hola” o “adiós”. En esencia, Shalom significa paz, seguridad, bienestar, feliz, amigable, prosperidad o favor y aprecio. El Nuevo Testamento usa la palabra griega “irane” para paz. Puede significar: paz, prosperidad, uno, tranquilidad, descanso, restablecer y restaurar. Palabras magnificas. Son dulces y agradables. Y todo el plan de salvación gira en torno a estas palabras, porque cuando estamos separados de Dios; estamos en guerra. Jesús, el Príncipe de la Paz, ha venido a reconciliarnos. Vino a hacer la paz con el Padre en representación de nosotros, porque nuestras faltas nos pueden separar de Dios. Llevo en mi corazón el gran saludo de este bendito pueblo: Hevenu Shalom Aleichem, La Paz este con nosotros; Shalom Aleichem, Y con nosotros siempre este la Paz. Esa misma expresión en países de lengua inglesa es “We Brought Peace Upon You”.

Existe un dicho “Sulfi !As – Salam Alykum!” (Que la Paz Sea con Nosotros). En esa corta frase de salutación esta el fruto más sublime de la practica islámica: “La Paz Divina”. El Islam es precisamente la Paz que mana de la unidad, para que la conciencia individual pueda establecerse en el centro infinito de la Paz Divina. Cuando uno genuinamente saluda con la Paz de Al-lah, se abre en el corazón la posibilidad de recibir y aceptar al otro sin condiciones. El que recibe el saludo, a su vez, responde de igual forma, pero invirtiendo el orden de las palabras: “Alykum Salam” (Que con vosotros sea la Paz).

Cuando los sacerdotes bendecían a la gente, decían: “líbranos de todos los males, Señor y concédenos la paz en nuestras vidas, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro salvador Jesucristo”. El Señor Jesucristo, le dijo a sus apóstoles: “La Paz les dejo. Mi paz os doy, no tengan en cuenta vuestros pecados, sino la fe de la Iglesia y, conforme a mi palabra, les concedo la paz y la unidad. Yo que vivo y reino, por los siglos de los siglos.”

“El Señor les bendiga y les guarde. El Señor haga resplandecer su rostro sobre ustedes y les conceda su bondad. El Señor les mire con amor y les de paz”. Somos una nación de ministros. Cristo vino a traernos paz, así que Él nos envía a llevar paz a otros.

Todos desean la paz. Algunos anhelan paz en la política. Otros añoran la paz mental, financiera, paz social y hasta física, pero la mayoría del mundo parece creer que algún cambio externo en las circunstancias será lo que traiga paz duradera.

En Marcos 4, encontramos la conocida historia de Jesús durmiendo en medio de la tormenta. Se desato una gran tempestad de viento y las olas golpeaban la barca, pero Jesús dormía en la popa. Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar: “! Calla Enmudece!” Y el viento ceso y vino una gran calma. Lo mismo ocurre con Dios, puede calmarInstantáneamente, todos nuestros temores.

Este es un relato fascinante, porque los discípulos despiertan a Jesús para hacerle una extraña pregunta: “No te importa que perezcamos?” Por supuesto que le importa. Por eso vino a la Tierra. Jesús dijo, ” Porque de tal manera amo Dios al mundo, para que no perezcan.” Naturalmente, Cristo no se sintió afligido por los elementos enfurecidos. De hecho, no tuvo que gritar. Sus palabras cargadas de fe, fueron suficientemente potentes.

Sin embargo, cuando los discípulos fueron rescatados de su temor, todavía se sentían extremadamente asustados. “Porque si la tormenta había terminado?”, se preguntaban: “? Qué clase de hombre es este, que hasta los vientos y el mar le obedecen?” Los elementos estaban en paz, pero los discípulos continuaban asustados. Es claro que la ausencia de paz ya no tenía que ver con el ambiente. Algo más les quito la paz, algo en su interior. No conocían a Jesús.

“Sin Dios, sin paz: conoce a Dios, conoce la paz.” Ahí es donde se encuentra la verdadera paz, conociendo a Dios. “Reconcíliate con Dios y tendrás paz”. Conocemos a Dios a través de su Palabra. Al permitir que El nos hable encontramos la paz. Se nos promete que cuando oramos, “la paz de Dios, que supera todo entendimiento, guardara nuestro corazón y nuestros pensamientos en Cristo Jesús” Él les dará la paz que sobrepasa el entendimiento, cuando empiece a conocerlo. El poder real de la paz se encuentra en las promesas de la palabra de Dios. El conocer las Escrituras le dio a Jesús poder y paz para triunfar.

Al igual que ellos, somos presa de la ansiedad y perdemos la fe ante las tempestades. Nos preguntamos, “Se preocupa Dios?” Dos situaciones especiales se registran en el libro del Diario de Santa Faustina que envuelven tormentas y en ellos, Santa Faustina usa la Coronilla de la Divina Misericordia como un látigo poderoso. Ella relata en su Diario “hoy me despertó una gran tormenta, el viento estaba enfurecido y llovía como si hubiera un huracán, a cada rato caían rayos. Me puse a rogar que la tempestad no causara ningún daño; de repente oí estas palabras: “Reza la Coronilla que te he ensenado y la tempestad cesara.” En seguida he comenzado a rezar la Coronilla y ni siquiera la he terminado cuando el temporal ha cesado y oí estas palabras: “A través de ella obtendrás todo, si lo que pides está de acuerdo con mi voluntad”. En otro momento, cuando se acercaba una gran tormenta me puse a rezar la Coronilla. De repente oí una voz de un ángel: “no puedo acercarme con la tempestad, porque el resplandor que sale de su boca me rechaza a mí y a la tormenta” se quejaba el ángel con Dios. De súbito conocí también que esa oración era agradable a Dios y lo potente que es la Coronilla. Utilizando nuestro propio vehículo de Fe, podemos tener paz en la tormenta. Aquí es donde puede encontrar esa paz constante que da descanso sin importar las circunstancias.

Todos los hombres desean la paz, pero pocos desean aquellas cosas que llevan a ella. A menudo los que buscan la paz se aíslan de ella al convertirse en victimas de sus enemigos, tales como: el miedo, la codicia, la ambición, la envidia, la ira y el orgullo. Aquellos que adopten estas características, no pueden tener paz. Deben dejarlas, para hacer lugar a la paz de Dios y cultivarla. No podemos aferrarnos al orgullo y la codicia y después decir, “Dios, dame la paz”. Primero debemos desahuciar a esos enemigos de nuestro corazón.

La paz es algo que no se perderá de vista si se apunta directamente a ella. Es como la felicidad: si se pasa la vida tratando de ser feliz, la perderá. Usted encuentra la felicidad sirviendo y amando a otros. Así que si busca la paz en sí mismo y por sí mismo, nunca la experimentara.

La mayoría de las personas están centradas en sí mismas. Esto es como tratar de encontrar paz en el epicentro de un terremoto. Centrar nuestro mundo en Dios es paz real. Él es la calma en el ojo del huracán. La tempestad puede rugir a nuestro alrededor, pero en nuestro interior todo es calma. La paz también proviene de la meditación, no a la meditación trascendental, más bien a la meditación en Dios de la que nos habla la Biblia y que podemos hacer en varias formas. La Biblia nos dice que permanezcamos quietos y que reconozcamos que él es Dios.

Jesús es nuestra Roca. El mundo está lleno de tempestades y encontraremos verdadero refugio únicamente bajo sus alas. “La paz os dejo. Mi paz os doy. No os la doy como la que el mundo da”! Dios quiere que usted tenga paz! No la paz política, social, física, doméstica o financiera. Es una paz interna que da Dios, no como la da el mundo. Es una paz como un rio, una paz que sobrepasa al entendimiento.

Al contemplar la creación de Dios, encontrara verdadero descanso. Isaías 26:3 expresa: “Tu guardas en completa paz al que persevera pensando en ti, porque en ti confía.” Esta es la meditación genuina: mantener tu mente fija en Cristo. Cuando usted permanece con su mente en Cristo, puede experimentar la serenidad máxima. Puede ser contagiosa y aprendemos mucho acerca de la paz de Dios, al compartir con otros que conocen al Príncipe de Paz.

La paz también brota de la obediencia, al aceptar la voluntad de Dios y rendirse a Él. “Lo que aprendisteis y recibiréis, oísteis y visteis en mí, eso haced y el Dios de paz estará con vosotros.” Ese es un importante mensaje bíblico: “Considera al íntegro y mira al justo, porque hay un final dichoso para el hombre de paz”. Muchos no han asociado la paz con la obediencia, pero la Biblia es clara:

Dios les ama demasiado para dejarlos tener paz cuando se desobedece su Voluntad. Jonás es un gran ejemplo de esto, huyendo en dirección contraria a la que Dios le pedía. Pronto se encontró en la tormenta al perder su paz, al actuar completamente en contra de la voluntad de Dios. La Biblia está repleta de historias que nos recuerdan este principio. El resultado de la justicia será paz y el efecto de la rectitud, reposo y seguridad para siempre.

En Isaías 48:18 dice: “Si hubieras atendido a mis Mandamientos, entonces seria tu paz como un rio.” Isaías no dice, que tu paz seria como un arroyo. Sabe porque? Una charca se seca, pero no el rio; es continuo. Los ríos pueden subir y bajar, pero siempre fluyen. El rio es constante como la paz. Continua moviéndose, siempre está ahí, disponible y fluyendo. La paz emocional y la calma vienen después de hacer la voluntad de Dios, no antes. Mantenerse en paz significa que debemos caminar continuamente haciendo la voluntad de Dios, según Él nos revela las cosas, siempre fluyendo hacia adelante. A muchas personas se les revelan nuevas verdades, pero dicen no quiero caminar así porque es diferente y de seguro pierden su paz. Si Dios revela nueva luz, no debe rehusarse a caminar en ella. Dios solo quiere nuestro deseo de hacer bien las cosas. Y una vez que haga su voluntad de seguro que la paz regresara. Cuando la paz como el rio acompaña mi camino, todo estará bien en el alma.

Cuando un pensamiento de guerra aparece, opóngalo con un pensamiento fuerte de paz. Un pensamiento de odio debe destruirse con un pensamiento más poderoso de amor. Los pensamientos de guerra traen destrucción a toda la armonía, bienestar, descanso y felicidad. Los pensamientos de amor son constructivos de hermandad, paz, amistad y felicidad. Pensemos en el perdón que es mayor que la venganza y la compasión más poderosa que el castigo.

Es el deber inmediato de la humanidad, el resolver el problema de la violencia y entrar en el ideal cosmopolita de una comunidad universal de todos los pueblos. No hacer ningún intento por dañar o humillar al opresor, sino establecer un deseo de reconciliar las diferencias. No es el conocimiento del método sino tener la aspiración, estar abierto al espíritu de la no violencia. El ser humano nunca es tan feliz como cuando da felicidad a otros. Hay solo una manera de luchar contra el mal, aumentando la bondad y solo una manera de luchar contra la oscuridad extendiendo la luz. Solo ampliando el amor y no luchando oponiéndose entre sí, podemos eliminar el odio y la enemistad.

Solo podrá alcanzarse solución para un conflicto, cuando se ponga fin a la violencia y al terrorismo. Cuando el pueblo tenga dirigentes que actúen decisivamente contra el terrorismo, estén dispuestos y sean capaces de construir una democracia efectiva basada en la tolerancia y la libertad. Se lograra cuando se esté dispuesto a hacer todo lo que sea necesario, para aceptar clara e inequívoca el objetivo de la solución negociada. Exigir esfuerzos de buena fe y cumplimiento, por ambas partes, de cada una de las obligaciones. Si las partes cumplen sus obligaciones con rapidez, es posible que los avances dentro de cada etapa y en su conjunto, se produzcan antes de lo indicado en el plan. El incumplimiento de las obligaciones obstaculizara todo progreso. El logro de una solución negociada, entre las partes, traerá como resultado la paz y seguridad.

Los pueblos deben perdonar, ser indulgentes, conceder la paz, la verdadera concordia y la unión de todos los pueblos supliendo la primera necesidad del hombre, la comunicación. A ustedes les escuchan los pueblos, todo el mundo, por favor fortalezcan nuestra esperanza y caridad, en estos últimos tiempos. Recordemos que lo que hace más feliz al hombre es el ser útil a los demás, con la fuerza más potente del mundo, la fe, practicando la prudencia, la justicia, con su fortaleza y templanza.

Dios les llama a estar en paz, pero también desea que sean hacedores de paz. Que compartan esa paz con otros. No la guarden para sí porque, como la felicidad, es algo que se tiene es darla. Jesús dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Jesús es el Príncipe de paz. Recordemos que el evangelio comienza con un ángel cantando: “Paz y buena voluntad entre los hombres.” Cristo vino al mundo con una proclamación de paz y concluyo su ministerio del mismo modo. Antes de ascender a los cielos, se aparece a sus discípulos en el Aposento Alto y les dice: “Paz a vosotros.” y se los repite una y otra vez. Cristo nos la regalo cuando dijo: “la paz os dejo, Mi paz os doy”. Así es que tenemos la paz por derecho de conciencia.

Como haremos para ser Hacedores de Paz? Ustedes, Distinguidos Representantes, de las Naciones Unidas, como pacificadores, deben invitar a nuestros semejantes a que hagan la paz con su Dios, dentro de su propio vehículo de fe. Esa es la responsabilidad principal. Jesús envía a predicar a sus apóstoles. Les instruye a decir “Paz a esta casa”, cuando entraran a un nuevo hogar. Nosotros debemos dar esta bendición a un mundo en confusión y desasosiego. Al invitar al Príncipe de Paz a nuestros corazones, estamos llamados a mostrarlo a Él a un mundo ansioso y agitado.

Cuando la gente habla de paz dicen: “Oremos por la paz”. Pero, a qué clase de paz se refieren? Usualmente es a la paz mundial o paz civil. Principalmente, por esto es que vino Jesús?

Muchos temen a la guerra nuclear. Otros piden por la paz mundial, para que las naciones no se aniquilen unas a otras. Aun con la corriente actual de desarme, las naciones nucleares todavía tienen suficientes armas para exterminar la vida de este planeta. Ahora un ejército de terroristas fanáticos está tratando de obtener armas nucleares. Esto podría hacerlo sentir un poco tenso, si usted no supiera que Dios está en su trono. La paz no se logra en las mesas de concilios, o por medio de tratados, sino en los corazones de los hombres. El poder real de la paz se encuentra en la palabra de Dios. El conocer las Escrituras le dio a Jesús poder y paz para triunfar. Una actitud de gratitud también puede convertirse en fuente de paz. Enfóquense en las cosas por las cuales deben estar agradecidos. A veces, nos agitamos porque nos hemos olvidado de las bendiciones y nos concentramos en los problemas. Estamos descontentos al enfocar lo negativo y nos olvidamos de todo lo bueno. Agradezcamos a Dios por lo que tenemos. Recuerde que Pablo dijo: “Ore, suplique, pida y entonces de gracias”. Después de agradecer a Dios, el Dios de Paz le dará esa increíble paz .

Atraves de Jesús, Dios también guardara su corazón y mente de los angustiosos ataques del adversario, diseñados para destruir la paz. El testigo más sólido de Dios es aquel cristiano que puede mostrar paz mientras atraviesa una prueba.

Cuando usted atraviesa una tormenta calmadamente, ejerce una influencia de conversión en otros. Dijo David: “Me acuesto y duermo en paz porque tu,Senor, me haces vivir seguro”. Aunque el Rey Saúl y todo su ejército lo buscaban, para matarlo, David pudo dormir, porque sabía que Dios estaba con él.

Cuando estemos en tiempo de guerra, oremos, hermanos, al Dios de la concordia y de la paz, en cuyas manos está el destino del universo, y pidámosle que escuche nuestra oración y venga en auxilio de los pueblos que sufren los horrores de la guerra. Que la iglesia, como fiel reflejo de Cristo, Príncipe de la paz, aparezca ante los pueblos como símbolo de unidad y de paz.

Que los hombres de todas las naciones, razas y pueblos, descubran que tienen un único Dios y Padre de todos. Dejen de comportarse como enemigos y aprendan a amarse como hermanos. Que los gobernantes y responsables de las naciones, promuevan los derechos humanos de todos los hombres y trabajen con gran responsabilidad y compromiso por la unidad de la familia humana. Que se alejen las opiniones falsas, que engendran enemistades y odios y sean reconocidos en todo el mundo los derechos de los que son injustamente oprimidos. Que Dios nos conceda a todos, ser misericordiosos y compasivos con los que sufren los horrores de la guerra y nos incite a trabajar por la paz y el bienestar de los pueblos.

Señor Dios, Creador y Árbitro de los pueblos, bajo cuyo imperio esta el devenir de los siglos, escucha nuestras suplicas y concede a nuestro tiempo la tranquilidad, la paz y hace que todos los pueblos de la tierra vivan unidos en mutua concordia.

Una de las formas de dar promoción a Cristo es exudar paz, no importa cuales sean las circunstancias externas. Dios no es solo amor, también es la esencia de la paz. Leyendo la Biblia, encontré siete ocasiones donde Dios es identificado como un Dios de Paz. Normalmente no pensamos que ese sea uno de los títulos, pero lo es y creo que es uno muy importante.

Nos invita a llevar en el corazón este mensaje, este mandato en el que nos permite hacernos fuertes en la paz. Recordemos que obreros de la paz, no es sinónimo de pacíficos, de personas tranquilas, calmadas, que evitan todo enfrentamiento, al contrario el que trabaja por la paz enfrenta los conflictos y busca la manera de armonizarlos. Con su presencia física, su testimonio, su intervención diplomática, sus discursos, serán más fuertes que la guerra y que la muerte.

En el mundo habrá tribulaciones, pero mantengan el buen ánimo, porque Jesús venció al mundo por usted. Cristo dijo:

“Estas cosas os he hablado, para que en Mi tengáis paz”. No importa lo que ocurra en el mundo, usted puede tener paz. Jesús es el mejor ejemplo de paz, no permitió que las circunstancias externas destruyeran su paz interna con el Padre. Es el epitome de la paz, su propia esencia. Su paz no dependía de ausencia física, de hambre o tortura, más bien fluía de un profundo pozo interior. No dependía de su condición financiera o aceptación social. Su propio pueblo lo abandono, pero El mantenía la paz. Tampoco se apoyaba en la dicha domestica ya que su propia familia lo malinterpreto.

La paz de Jesús fue tal, que resistió todas las pruebas a las que fue sometido. Todas las legiones del infierno lo asaltaron, para quitarle la paz, pero no pudieron tocarlo, porque descansaba en Dios.

Ya conocen la fuente de la paz verdadera en esta vida, pero una paz más perfecta de seguro vendrá. Algún día no habrá más que completa paz en todos lados; paz en nuestras relaciones, con todo el mundo.

Llenos de pasión por la unidad, podremos encontrar un cauce adecuado a nuestras aspiraciones. Se lograra, teniendo intuición luminosa y la grandeza de espíritu de convocatoria y un espíritu de amor universal.

Durante las peregrinaciones en misión de paz a las tierras santas, he logrado conocer a muchos y venerables personajes: niños, jóvenes y fieles, llenos de amor y generosidad. Los miraba con admiración, bondad, respeto y amistad. Mantuve muchos contactos con personas de: diferentes nacionalidades, razas, credo, costumbres, ideas políticas y religiosas, compartiendo todos juntos como hermanos con las mismas experiencias y vivencias de gran espiritualidad. Lo viví de nuevo al visitar Hebrón.

Visitar Hebrón es sumergirse en la historia de los judíos mientras se camina siguiendo las huellas de Abraham, Isaac, Jacob, Josué y el rey David y los macabeos. La gigantesca Tumba de los Patriarcas y las Matriarcas, revelan la antigüedad de las tradiciones de Hebrón, cuyas murallas poseen 2000 años de antigüedad. Esta tumba, así como la presencia judía en esta ciudad, a lo largo de muchos siglos, han hecho que Hebrón sea considerada como una de las “cuatro ciudades santas” de la Tierra de Israel.

Dijo Abraham, el patriarca, a José su hijo cuando iba hacia Egipto con su pueblo, estas palabras: “Y entonces me llevaras de vuelta a Canaán la tierra que Dios prometió a Abraham. Y será comoEl Señor lo prometió: nuestros descendientes serán conocidos como Israel y será una multitud de naciones cada hermano en sí mismo, una tribu de Israel” .

Somos discípulos de Dios en esta Tierra que nos ha regalado, impregnada de lealtad hacia todos nuestros hermanos, teniendo un estilo de confianza, amistad y solidaridad. El Señor, bendito sea su nombre, nos ha ensenado

Haciendo referencia a lo que el profeta Mohamed dijo: “Oh mi Señor! por favor, guía a mi pueblo. Y quiera el Señor que al menos por eso el mundo reconozca que somos verdaderamente sus discípulos, porque hemos establecido entre nosotros el amor mutuo.

Para llegar al final de una plena y autentica comunión, queda todavía mucho camino por hacer; muchas oraciones que nos eleven al Padre del Amor, muchas vigilias. Al menos podemos, al final del camino, anotar una conquista y saber que hemos vuelto a comenzar a amarnos.

Así continuaremos “Uniendo Orillas”, sabiendo que: “Dios es Uno”.

Les deseo, que todos sus días sean finalizados con una noche de paz.

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