SU EXCELENCIA.

SEÑOR VLADIMIR PUTIN

PRESIDENTE DE LA FEDERACIÓN RUSA

SEÑOR PRESIDENTE,

Con humildad y gran respeto me dirijo a Usted, Señor Presidente, para expresarle mi interés en contribuir para el fortalecimiento de la paz, con mi lema “CONSTRUYENDO PUENTES PARA UNIR ORILLAS”. Soy la señora Sonia Cruz Cruz, maestra retirada, y natural de Humacao, Puerto Rico. Señor Presidente Putin, Usted, como ser humano sabio y profundo, esta liberado de estructuras, esquemas y agendas. En lugar de pensar y lamentarse diciendo “Esta persona me está interrumpiendo” aprendió a decirse: “Esta persona me necesita”. Le doy gracias a Dios porque a través de sus ejecutorias he podido conocerle, y ha hecho que se derrame en mí la fe dirigiéndome a usted con profunda confianza. Gracias por utilizar unos minutos de su valioso tiempo para meditar y reflexionar sobre lo que significa y puede hacer su nación para su pueblo y para el mundo entero.

Para conocer, pues una nación y su real significado en el concierto de los otros pueblos, no bastan las noticias de actualidad; ni siquiera bastan los hechos históricos mecánicamente contabilizados.

El conocimiento de una nación se halla oculto en el corazón del pueblo y solo puede comprenderse en el plano de La Divina Providencia.

Una nación, no es lo que ella tiene de sí misma, sino lo que Dios piensa de ella desde la eternidad.

El carácter eminente del pueblo ruso, así como su tendencia mística en filosofía, literatura y arte, parece reservar a Rusia una gran misión religiosa.

En el libro “Los Grandes Místicos Rusos”, cuyo autor es Tomas Spidik, nos habla de un teólogo contemporáneo, Kartashev, que ha podido decir que una gran parte de sus conciudadanos siguen creyendo en una misión muy importante de su patria para conservar y propagar el cristianismo puro. Afirma Kartashev que los rusos son naturalmente creyentes. La fe absoluta en Cristo se ha convertido en el símbolo de la identidad rusa, durante los primeros siglos, cuando la Santa Rusia era el amparo de la cristiandad. La literatura rusa, con sus constantes alabanzas a la fe ciega, ha contribuido mucho para que esta forme parte integrante de la mente rusa.

El ruso se aplicó a sí mismo, a su pueblo, tierra, gobierno e iglesia, una expresión muy especial “la Santa Rusia”. Ningún otro pueblo ha tenido el valor de hacer otro tanto. Pero el pueblo ruso no se ha dado este título por orgullo, sino con la humilde conciencia de haber sido consagrado para un servicio especial. Es como el nombre que se recibe en el bautismo. Este nombre trae a la memoria los votos que un día se pronunciaron: “Porque cuantos en Cristo habéis sido bautizados, os habéis vestido de Cristo” [Gálatas 3:27] y “vosotros sois linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa su pueblo. [1ra Pedro 2:9].

Si Rusia está llamada a decir su palabra al mundo, no bajara esta palabra de las esplendorosas regiones del arte y la literatura, ni de las soberbias alturas de la filosofía y las ciencias, sino de las cimas humildes y sublimes de la religión. Nos hayamos, pues ante una fe especial: la firme creencia de un pueblo, con una especial vocación religiosa.

Mucho se sabe que los pueblos viven como viven los hombres. Esto trae a la memoria un pensamiento del Señor Vladimir Putin, Presidente de la Federación Rusa que dice: “Cada persona que vive en nuestro país no debe olvidar su etnia. Pero ante todo, debe ser un ciudadano de Rusia, y debe estar orgulloso de esto. Nadie tiene derecho a poner sus peculiaridades nacionales y religiosas ante las leyes del Estado. No obstante, las leyes del Estado también tienen que tener en cuenta las peculiaridades nacionales y religiosas del Pueblo.”

Dice además el Señor Presidente Vladimir Putin al concluir su juramento como Presidente lo siguiente: “Estamos preparados para los desafíos que tenemos delante. Rusia tiene una larga historia y un futuro que es aún más grande. Vamos a trabajar con fe y con pensamientos puros.”

Es por eso que a los ojos de la Fe, Rusia sigue existiendo como ella es: inmutablemente a ser llamada la Santa Rusia, la principal protectora de la Santa Ortodoxia hasta la segundo venida de Cristo.

Los místicos rusos describen la oración como un descenso de la mente hasta el corazón para permanecer allí en la presencia de nuestro Dios. La oración tiene lugar allí donde el corazón habla al corazón, es decir, donde el corazón de Dios se une con el corazón que ora. Por tanto, conocer a Dios se convierte en amar a Dios, de la misma manera que ser conocido por Dios, es ser amado por nuestro Dios.

Nos dice el Señor Mijaíl Gorbachov, en su libro “Perestroika, Nuevo pensamiento para mi país y el mundo de 1987” y cito: “Tenemos cimientos hechos de solido material, valiosa experiencia y una perspectiva amplia del mundo, con lo cual podremos perfeccionar nuestra sociedad, con un fin determinado y constante, buscando conseguir aún más grandes utilidades en términos de cantidad y calidad en nuestras actividades.” Continua diciendo: “Hemos tomado la senda correcta y estamos haciendo las cosas en la forma adecuada. La Unión Soviética ha trabajado mucho tiempo para la Paz y la Cooperación; y ha adelantado muchas propuestas. Queremos cooperar sobre la base de la igualdad mutua, comprensión y reciprocidad. Queremos un mundo libre de guerras, sin carreras armamentistas, sin armas nucleares ni violencia; no solamente porque sea una condición óptima para nuestro desarrollo interno. No tenemos soluciones universales, pero estamos preparados para cooperar sincera y honestamente en la búsqueda de soluciones para todos los problemas, incluso las más difíciles, abriendo brechas entre palabra y acción. Este es un requisito global que proviene de las realidades actuales. Somos pasajeros abordo de un barco, la tierra; y no debemos permitir que naufrague. No habrá una segunda Arca de Noé.”

El señor presidente de Rusia Vladimir Putin, y el Señor Mijaíl Gorbachov, con sus grandes mensajes a la humanidad tienen en sí mismo un testimonio, confirmarle al mundo que Rusia seguirá existiendo como ella es: inmutablemente a continuar siendo La Santa Rusia.

En el año 2004 el Papa Juan Pablo II declara el año como el Ano de la Eucaristía. Algo muy significativo ocurrió en el 2004. Tres símbolos religiosos e históricos regresan a la Santa Rusia. Como señal providencial, Dios lo ha permitido, y ha bajado hasta este Pueblo Santo para que le tengan cerca.

El primer símbolo llegado a Rusia es el Icono de Nuestra Señora de Kazán. Una Delegación Vaticana entrego el sábado, 28 de agosto del 2004, la imagen al Patriarca Ortodoxo de la Catedral de la Dormición en el Kremlin.

Otro símbolo entregado a Rusia fue la Cruz recatada por la División Azul que había permanecido desde el 1942 en una Capilla de la Academia de hoy en Manzanares España. Tres ciudadanos de la ciudad de Toledo entregaron en Rusia a su auténtico lugar de origen Nóvgorod el 9 de Diciembre del 2004.

Se regresa a Rusia “Custodia” con más de trecientos años encontrada en la Ciudad de Jerusalén , Israel, en 5 de diciembre del 2004 y entregada a la Iglesia de San Adalberto , en Kaliningrado Rusia, por peregrinos de Puerto Rico, el 14 de septiembre del 2005; Día de la Fiesta de la Exaltación de la Cruz.

Con esta gesta, se espera que por la permanencia de la imagen de Nuestra Señora de Kazán, la Cruz de Nóvgorod y la Custodia Rusa de Kaliningrado, le ayuden a vivir con alegría y generosidad su Fe, asumiendo compromisos concretos para difundir la civilización del amor en todos los ámbitos de su propia sociedad; y con el testimonio de una vida cristiana, lograr proclamar ante el mundo los valores perenes del evangelio. Pueblo de Paz, Pueblo de Amor, esa fue, es, y será por siempre, la Santa Rusia. BENDITA SEA. Con gran respeto y admiración, quedo de Usted Muy atentamente, Sonia Cruz Cruz

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